jueves, 27 de marzo de 2008


Ayer te vi; entre sueños multicolor, rodeado de figuras geométricas alucinantes y el altrostatus de fondo. A un lado, cautivado por la aurora de tu ser, casi pasmado, un abejorro rosado con alas fulminantes.

Caminabas sin mucho afán por el vergel, las flores parecían sonreírte; llamó tu atención un melón rojo con lunares malva a punto de caer en la cúspide de un hormiguero; trataste de bajarlo pero una ardilla voladora lo llevó hasta tus manos. Le sonreíste agradecido.
Luego, cuando admirabas aquel fruto; un bengalí se detuvo en tu hombro y susurró notas musicales. Bajaste la mirada y un desfile de caracoles y caballitos de mar brincaban al compás de las notas, dirigiéndose al río de leche transparente, en cuya orilla nacían a cada micromomento, champiñones alucinógenos que bailaban con la brisa marina.
De pronto, una ballena verde esmeralda emergió y expiró un arcoiris trampolín a lo ancho del río; y con su cola te invitó a cruzarlo.
Saltaste acompañado de tres unicornios que reían sin parar.
Al llegar al otro lado, un minicometa aterrizó cerca de ti, despidiendo estrellitas azul neón. Seguiste indiferente por la vereda de piedras brillantes, luego sentiste un pequeño golpe en tu espalda, elevaste la mirada y grande fue tu sorpresa cuando viste una nube color bermellón, de la cual caía una lluvia de fresas, corriste hacia un fresno gigante para refugiarte; entre sus ramas había un iglú; y una jirafa te ayudó a subir.
En su interior, una cama pirámide y en ella un kiwi leyendo.
Te miró sorprendido y luego sonrió, bajó trescientos escalones de un sólo salto, se dirigió a un baúl sostenido por corales amarillos y sacó algo.
Luego puso en tu mano una cajita multiforme.
Asomaste la mirada por la ventana, acababa de escampar. En el portal, un ornitorrinco esperándote para bajar.
Algo cansado, te sentaste en la arena y, a un lado, escribiste mi nombre; me sentí tan feliz.
Luego; desperté.

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