sábado, 26 de julio de 2008

El Increíble Detective Quique Muñiz



Las 9:45 a.m. marcaba el reloj de aquel cuarto, cuando inundado en su propia saliva despertaba aquel hombre, tomó un par de pantalones, una camisa con varias manchas de desayunos pasados y una elegante gabardina gris. Ya vestido, tomó dirección hacia su refrigerador, lo abrió, constató la escasez de productos comestibles ahí dentro y se decidió por un desayuno ligero, dos tragos a una botella de leche rancia y medio trago más que le volvió a manchar su camisa. Maldiciendo su poca habilidad con los alimentos, caminó hasta su sofá [ah, si ese sofá hablara], tomó unas hojas, mismas que contenían su nuevo caso, las hojeó un poco, abrió la ventana para una mejor iluminación y por la misma se coló un rayo de sol, el rayo pegó directamente en una placa sobre la gabardina del hombre, haciendo deslumbrar las letras doradas que decían: “Detective Quique Muñiz”, bueno en realidad no decía nada, pues nunca había juntado dinero para grabarle su nombre. Rápidamente dio un giro haciendo ondear su gabardina y salió de su departamento.

De pronto despertó en un estado de agitación y angustia. ¿Un detective él? Hubiera preferido que cualquier otro oficio formara parte de aquella tormentosa pesadilla; y no por que no le gustara espiar a las personas, de hecho era su pasatiempo preferido, sabía exactamente la hora en que Pancho, su vecino, se cambiaba; o de las pantuflas de conejito de Martita, la viejita de enfrente, a la izquierda le faltaba el ojo derecho y la derecha tenía sólo dos bigotes; incluso sabía la hora en que el Sr. Pitágoras visitaba a la jefa de barrio; Natasha; la de la esquina, y no precisamente para hablar de negocios.

Quique no había abandonado aquel departamento en 39 años, 7 meses y 43 días; no, no era agorafóbico, simplemente odiaba salir, además, eso era algo innecesario, todo lo que quería, lo aparecía en un abrir y cerrar de ojos; practicaba la magia desde que tenía memoria; además fue una buena excusa para no ir a la escuela.

Quique Muñiz todavía se sentía un poco abrumado, pero el sol que se colaba por la ventana le obligó a levantarse de su cama, automáticamente colocó sus pies dentro de sus pantuflas de Pikachu, que probablemente hizo aparecer en uno de esos días de ocio. Caminó hacia la ventana, hizo un chasquido de dedos y ¡Boom! En su mano derecha una taza de café y en la izquierda un rico pan con mantequilla procesada con leche de vaca holandesa. Un sorbo largo de café, una mordida a su pan, otro chasquido y de nuevo ¡Boom! En vez de los alimentos se encontraba ahora entre sus manos unos binoculares. Desde su ventana los apuntó varios pisos hacia abajo, exactamente a casa del Sr. Pitágoras, eran las 10 a.m. y era ya rutina que a esa hora llegara Natasha y como ya sabía Quique, nunca cerraban las cortinas.

Dieron las 10:02 a.m. e inmediatamente Quique Muñiz alcanzó a escuchar cómo Natasha tocaba a la puerta del Sr. Pitágoras, también pudo ver con sus binoculares, cómo la sombra del Sr. Pitágoras corría a atender, y justo cuando iba a abrir la puerta… Un grito de fuerzas descomunales que venía desde arriba del edificio de enfrente, hizo que Quique apuntara hacia la fuente de dicho sonido. Miró por los binoculares y era la figura de una mujer que colgaba de una cuerda atada a su cuello, no dudó medio segundo y dio un chasquido con sus dedos, la cuerda se desvaneció y la mujer flotó suavemente hasta tocar el pavimento, luego caminó unos 3 pasos y medio y entró de nuevo al edificio, subió a su cuarto y todo volvió a la normalidad. Esa era la quinta vez en la semana en que Quique la resucitaba, y no porque en realidad creía que su vida valía mucho, simplemente le encantaba ver lo desconcertada que quedaba aquella muchacha cada vez que eso pasaba.
Luego; las doce con veintiún minutos, la hora preferida de Quique; como de costumbre cambió su pijama de figuras abstractas por un traje abigarrado, apareció una sombrilla de la cual provenía una luz azul relajante y la dejó flotando 45 centímetros arriba de una silla que se mecía cada 3.13 minutos. Luego se sentó en ella y empezó a colorear, con un pincel invisible, la cara de una de gallina rodeada por un marco destellante, luego de terminar, ésta cobró vida y empezó a pintar el cuadro de una manzana verde de la cual un gusanito asomaba la colita, la manzana hizo un esfuerzo y lo expulsó de su ya oxidado cuerpo, el gusanito salió volando de aquel cuadro, luego pasó por el cuadro de la gallina y finalmente cayó en la mano de Quique, quien inmediatamente lo tragó. Esta era la forma en que Quique adquiría poderes, al principio se alimentaba con chapulines, pero el efecto era menos duradero.

Ah! El delicioso sabor de los gusanos, el crujir de su cuerpecito para después sentir su viscosidad al bajar por la garganta, era todo un éxtasis para Quique comer aquellos gusanos dotadores de poderes. Se podía decir que Quique lo tenía todo, cualesquier cosa que pensara Quique la podía aparecer, ballenas, osos, osos-ballenas, todo, absolutamente todo estaba a su alcance. Pero ninguna mujer era dueña de su corazón, si bien era cierto que tenía varias pollitas de novias en la Internet, ninguna mujer que no viviera en otro continente lo había tocado. Bueno, Francisca la del mantenimiento del edificio le tiraba la onda cada que trapeaba el pasillo, pero Quique nunca se había dado cuenta.

Quique últimamente se encontraba muy triste, pero como no era capaz de salir a consultar con un doctor, siempre se aparecía dos aspirinas y se recetaba horas-sueño. Una tarde después de recetarse 4 horas-sueño, despertó y al querer chasquear sus dedos, cual fue su impresión, que se encontraba sin manos.

Tal vez fue por azares del destino, pero Quique lo atribuyó a su corazón, aunque no por la hipertensión arterial mal controlada, sino por un hechizo que leyó de una carta cadena que apareció bajo su puerta 10 años atrás.

Aunque no recordaba muy bien lo que decía, lo tenía presente desde aquella tarde en que la leyó e ignoró su advertencia. Sólo sabía que iría desapareciendo hasta encontrar a su media naranja, luego el hechizo se revertiría. Algo despreocupado, se levantó de manera normal, pero esta vez golpeó dos veces sus talones para aparecer el desayuno, sí, ese método era muy anticuado, pero serviría de algo.

Ese día, ordenó al pincel invisible dibujar y dibujar hasta encontrar unos caracoles, el gusano era muy bueno, pero la especialidad de los caracoles lo superó, tenían el poder de aparecer manos en aquel que los comiera, pero éstas eran de goma, si bien servían para algo; no era para hacer magia, y su efecto duraba tan sólo dos horas, por lo que capturó en un recipiente una cantidad infinita de aquellos caracoles multicolor.

Al día siguiente se levantó, como de costumbre, la baba manchaba no sólo su almohada sino también un poco de su ropa. Se colocó sus pantuflas de Pikachu y caminó a la ventana, chasqueó los dedos y nada pasó. Recordó aquel problemita con sus manos y tuvo que golpear dos veces sus talones, el realizar aquel acto, casi lo convertía en una híbrido de bruja y mago, lo que en el mundo real se conoce como… bueno, se conoce y ya. En vez de su café y su pan con mantequilla hecha a base de leche de vaca holandesa, apareció un chocolala (ya pasado) y una galleta maría (roída por sabrá el osito Bimbo quién). Quique agarró aquello y lo arrojó por la ventana. El uso de los talones requería cierta práctica que había perdido por usar sus cómodas pantuflas de Pikachu en vez de las zapatillas rojas que toda bruja experimentada suele usar. En realidad eran unas zapatillas tacón aguja, las había visto en una revista, así que hurgó en los 159 cajones que había en la habitación, hasta que encontró dos piedritas negras, entonces hizo un hoyo en el piso de madera y sembró a éstas últimas, escupió sobre ellas pensando: “Quiero esas zapatillas rojas que vi en la revista Vanidades número 342, página 114, tacón aguja de 10 centímetros, número 6 y medio”, y en menos de una milésima de segundo una flor creció de una de las piedras y vomitó las zapatillas.
Inmediatamente Quique se las puso y empezó a practicar, algo incómodo para él, aunque después de 6 horas y tres callos, se volvieron sus preferidas.

Lo que Quique no sabía, era que de la otra piedrita había nacido un diminuto duendecillo, que en pocas horas se convertiría en un ogro gigante. Pero estaba demasiado emocionado con sus nuevas amigas que no se percató de dicho suceso.

-Ssss… mamacita. -Dijo el duendecillo observando las piernas de Quique. Quique asustado por la presencia de aquel ser, chilló como la bruja que siempre fue y corrió por todo el cuarto.

El duende comenzó a crecer, crecer y crecer. Lo que antes era un inofensivo duendecillo había tomado la terrible y asquerosa forma de un ogro. El ogro abrió su pestilente hocico al mismo tiempo que varias cucarachas salían desde detrás de sus molares.

-Has abusado de tus poderes, mujeres, desayunos y pantuflas de Pikachu es lo único que has hecho con tus dones. Por lo mismo os condeno a una vida de… Detective.

Quique Muñiz se hallaba en shock, su más terrible pesadilla se volvía realidad. Cerró los ojos, tomó aire y… ahí estaba, colgada en un perchero, su gabardina, y en ella una placa grabada: “Detective Quique Muñiz”.
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Idea y participación principal de Miguel Cervantes
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2 comentarios:

·La Bruja del Oeste! dijo...

woow asi o mas largoo?
jajaja lo leeria pero mis ojitos se rehusan... dicen que tienen mucho sueño....
mañana lo leeré.
el titulo me suena como que a coque muñiz jiji

saludishuss helenichuuuusss!!!

Anónimo dijo...

hey sorry pr no contestar antes, pero no había acabado de leer, hey está genial
imaginateeeee
ahora somos unas incultas corazonits y yooo no es posible
pero weno
espero que sigan con más cuentitos
bai baiii