sábado, 29 de marzo de 2008


Hace días sentí que volaba a través de un agujero negro, por el que caí cuando él me empujó. Mis alas de mariposa ala de pájaro se veían bien bonitas.
Por un instante sentí un gran golpe; y luego yo; tirada en el piso; inmóvil.
Me levanté y mis alas de mariposa ala de pájaro habían desaparecido.
Flotaba en vez de caminar, me acerqué a unas mimosas fosforescentes y las contemplé asombrada.
Una bandada de mirlos atravesó el lugar lentamente, como en forma de olas.
Más adelante, un somormujo haciendo su nido de hierbas venenosas.
Me di cuenta, de repente, que me podía camuflar; al pasar por un montón de rubíes y zafiros.
Un okapi se acercó al pasto, pensé que podía verme; no fue así; casi me come. Y digo casi porque un págalo parásito azul cielo me rescató. Éste me llevó al nido, en un árbol lleno de frutos distintos; cerezas con cuadritos de colores por aquí; frambuesas con florecitas por allá y un fenec disfrutando de todo un manjar frutal en la rama superior.

Bajé del árbol y un frailecillo pasó corriendo rapidísimo cerca de mí, dejando un rastro de colores bien brillantes a su paso.

Volteé hacia la derecha, y a lo lejos unas criaturitas cuidaban a cinco frisonas rayadas que pastaban alegremente.

Mientras caminaba, iba encontrando huevos de color gules, sable, azur y sinople combinados; con lunares y rayitas, y rombos estampados en el cascarón de hule. Sólo hallé tres y los guardé en la bolsa de mi vestido.

Luego escuché que una estrella de tierra me hablaba, pero en una lengua que no pude comprender; así que seguí caminando hasta llegar a una cascada rosada. Bebía un poco de agua; y sentí unos golpecitos en la bolsa de mi vestido donde había puesto los huevitos. Me asomé y vi que estaban estrellados, y que brillaban al compás de latidos de corazón. Así que los saqué y los acomodé en un nido que improvisé en ese momento. Tras empujoncitos y ruiditos; un pony negro con manchas rosas, un conejito verde y un patito rojo.
En la orilla del río, había piedras de chocolate y con eso los alimenté.
Y me quedé con ellos en aquel lugar fantabuloso.


Mañana; despertaré con pececitos globo volando alrededor de mi cama; emitiendo burbujitas cuadradas con el sonido de mi canción favorita.
Un pecarí volador con manchas ortogonales me llevará galletitas azules y chocolate.
Caminaré acompañada de una lluvia de petunias y girasoles por doquier.
Luego, un delfín me llevará a pasear por el mar azul turquesa. Bajo el agua, veré cumulonimbos deformes amarillo potasio; y un sireno me obsequiará un collar de perlas rosa nácar.
Allí, una avoceta nos llevará a una isla, donde hay una casita que cambia de color con cada ola. Adentro, un basset nos dará la bienvenida y nos preparará berenjenas marinas anaranjadas.
Al atardecer, iremos en un tándem a la superficie y un camachuelo me guiará hacia ese lugar destellante en la atmósfera; donde un canguro blanco polar me llevará en su bolsa hasta un castillo flotante transparente, con interior azul marino brillante y un cárabo gris metálico en la puerta.
Un carpincho saldrá de su alcoba y me dará un libro mágico gigante de mil colores y una pluma fuente de tinta invisible.
Mientras oscurece, una cebra con rayas rojas fosforescentes me llevará de vuelta hasta mi habitación. Ahí, tres ponys tendrán lista mi cena: cerezas verdes con cidras acompañadas de agua de ciruelas y coco.
Sí, mañana así será.

jueves, 27 de marzo de 2008


Ayer te vi; entre sueños multicolor, rodeado de figuras geométricas alucinantes y el altrostatus de fondo. A un lado, cautivado por la aurora de tu ser, casi pasmado, un abejorro rosado con alas fulminantes.

Caminabas sin mucho afán por el vergel, las flores parecían sonreírte; llamó tu atención un melón rojo con lunares malva a punto de caer en la cúspide de un hormiguero; trataste de bajarlo pero una ardilla voladora lo llevó hasta tus manos. Le sonreíste agradecido.
Luego, cuando admirabas aquel fruto; un bengalí se detuvo en tu hombro y susurró notas musicales. Bajaste la mirada y un desfile de caracoles y caballitos de mar brincaban al compás de las notas, dirigiéndose al río de leche transparente, en cuya orilla nacían a cada micromomento, champiñones alucinógenos que bailaban con la brisa marina.
De pronto, una ballena verde esmeralda emergió y expiró un arcoiris trampolín a lo ancho del río; y con su cola te invitó a cruzarlo.
Saltaste acompañado de tres unicornios que reían sin parar.
Al llegar al otro lado, un minicometa aterrizó cerca de ti, despidiendo estrellitas azul neón. Seguiste indiferente por la vereda de piedras brillantes, luego sentiste un pequeño golpe en tu espalda, elevaste la mirada y grande fue tu sorpresa cuando viste una nube color bermellón, de la cual caía una lluvia de fresas, corriste hacia un fresno gigante para refugiarte; entre sus ramas había un iglú; y una jirafa te ayudó a subir.
En su interior, una cama pirámide y en ella un kiwi leyendo.
Te miró sorprendido y luego sonrió, bajó trescientos escalones de un sólo salto, se dirigió a un baúl sostenido por corales amarillos y sacó algo.
Luego puso en tu mano una cajita multiforme.
Asomaste la mirada por la ventana, acababa de escampar. En el portal, un ornitorrinco esperándote para bajar.
Algo cansado, te sentaste en la arena y, a un lado, escribiste mi nombre; me sentí tan feliz.
Luego; desperté.